Diseño en Venezuela

lunes, 21 de agosto de 2017

Proyecto "No borders for food": MARISELLA PACHECO JUNTA DISEÑO GRÁFICO Y GASTRONOMÍA PARA CREAR MEJORES EXPERIENCIAS DE USUARIO


Hummus de lentejas, en forma de croquetas saborizado con Sumack y una capa de semillas de sésamo.


Marisella Pacheco fue mi alumna en el Centro de Diseño Digital. Además de ser diseñadora gráfica, aprendió técnicas de cocina en la Academia Gourmet, donde desarrolló la tesis “Abstracción Cítrica”, en el que integra características formales de diferentes corrientes artísticas a la presentación de los platos. El año pasado se fue a Francia a cursar la maestría en “Creación, Investigación e Innovación en Diseño Sensorial y Alimentario”, que ha llevado su investigación a otro nivel en el proyecto “No borders for food” realizado en Turquía.


En 2016 Marisella Pacheco hizo maletas para recalar en el Instituto Superior de Color, Imagen y Diseño (Institut Supérieur Couleur, Image, Design) ubicado en Toulouse, Francia. El talento desplegado por ella en una entrega llamó la atención de la directora de la escuela, Delphine Talbott, quien la introdujo en la organización sin fines de lucro Cricao, la cual promueve intercambios culturales y artísticos.

Talbott le propuso que la acompañara en “No borders for food” que se llevó a cabo por primera vez en Gaziantep, una ciudad turca fronteriza con Siria, para explorar el papel de la cocina y la comida como elemento unificador de dos naciones cuyos habitantes se sienten como hermanos mientras que sus gobiernos son enemigos. “Bajo este precepto, un equipo francés y mi persona estuvimos inspirándonos en la ciudad para crear una exposición en el Museo de la Gastronomía de la ciudad, donde mostramos una reinterpretación de las costumbres culinarias y nuevas utilizaciones para los ingredientes clásicos”, explica la diseñadora venezolana.

El proyecto, realizado con el respaldo del programa de colaboración cultural Tandem para Turquía, fue articulado en conjunto con la asociación cultural turka Kirkayak Kultur, representada por la estudiante de ingeniería de los alimentos Hala Khankan, una muchacha de origen sirio que no ha vuelto a su país desde hace mucho tiempo por razones de guerra, quien se convirtió en el puente extendido entre Francia, Turquía y Siria. También colaboraron profesionales de la cocina turca.



Collares de comida desecadas para dar la bienvenida a los invitados. En esta parte del planeta usar la comida como una pieza de vestir puede ser bastante controversial, de hecho no todo el mundo estuvo dispuesto a usarlos.



La documentación preliminar se inició en Francia, a través de libros de cocina y arte, así como la revisión informativa sobre los problemas sociales de la región. Se eligieron como focos de observación algunos elementos que sobrevivieron a la inmigración en Francia, como el Hummus, que es muy consumido en Europa, la mujer, por su presencia tradicional en la historia de la cocina y prácticas culinarias árabes, así como la costumbre de comer en los jardines.

“Sin embargo, estando en el campo me di cuenta de que el objetivo era ver las creaciones que pueden darse a partir del choque cultural, poniéndose en el papel del inmigrante o el visitante que poco a poco va mezclando sus experiencias anteriores con la esencia del lugar que está visitando. Una vez entendiendo esto, solo te queda llegar al sitio, comer, hablar, pasear, preguntar, dejar que los habitantes te cuenten sus historias y te muestren sus fotos. Eso fue lo que se hizo”.


El diseño como unificador


Marisella Pacheco considera que el diseño le ayudó a organizar el caos, “porque cuando finalmente tienes todos los elementos que has ido recopilando te preguntas, - ajá, ¿y ahora qué hago con todo esto?”-. Para mí el diseño es el elemento unificador, como el punto de mostaza al hacer una mayonesa, que me permitió poner en perspectiva todos los datos obtenidos en entrevistas, recetas y crear algo. En cambio, la gastronomía te hace pensar en los sabores, las texturas y balancear las cantidades. Luego, el diseño culinario permite agarrar todas esas técnicas clásicas para usarlas de forma diferente”.

Como diseñadora gráfica, la venezolana estuvo atenta a los patrones y los elementos gráficos presentes en la ciudad, donde predominan el puntillismo y el mosaico con disposiciones geométricas. “Siempre le pongo especial cuidado a la forma en que lleno mis lienzos, el peso de los elementos visuales, la distribución de las fuentes, el significado de los colores. Me encanta pensar en la comida como un material para crear formas, y podría decir que sin importar la naturaleza del proyecto, el diseño gráfico me acompaña en todas partes”.

Para Marisella el resultado fue una interpretación de la gastronomía turco-siria, por lo que el punto principal fue: la mezcla, en la que “se tomó como elemento unificador el hummus, presente en ambas culturas. De la gastronomía de Gaziantep tomé sabores picantes y ácidos, a los que di texturas que me ayudaron a hablar de los comentarios rebeldes que acompañan la crisis, la fuerza y la presencia femenina, aunque ésta es frecuentemente solapada. Tomé el pistacho como un elemento icónico de la ciudad, de hecho en ella se produce el mejor del mundo y la Baclavala que se ve en los escaparates exhibida cual joyería. Y finalmente de la parte siria, se tomó el pan, muy importante a la hora de consumir hummus y técnicas como las que se utilizan para hacer los dolmas, que son bastante parecidos a los tabaquitos de la cocina turca, o el falafel para freír el hummus y cambiarlo de forma”.



La técnica principal con la que fue concebida fue el mosaico, icono de la ciudad y de una obra de arte emblemática llamada Gipsy Girl,  la cual no se sabe si es una mujer o un hombre, lo que nos permitió jugar con la presencia de la feminidad incluso en el sexo masculino (la obra estaba presente en la sala); un tema tabú. Se observa la fuente de Ayran en el centro y la vajilla tradicional en metal rosa, piezas también emblemáticas de Gaziantep.


El resultado exhibido en el museo de la gastronomía de Gaziantep fueron dos salas diferenciadas por color: una rosa, en homenaje a la femineidad y la otra en verde como identificador de la naturaleza tan presente en los jardines otomanos.

La sala rosa muestra la etapa madura y fértil de la mujer, representada en una controversial fuente en forma de seno rellena de Ayran (yogurt salado) con gotas de aceite de pimiento picante. “Esta sala representó uno de los más grandes retos a la hora de abrir la exposición al público, pues alude a elementos tabú en medio de un ambiente delicado y dulce. De hecho, a nivel de sabor, era la sala más contrastante con dulces y salados, y luego ácidos y picantes, lo cual chocó un poco, pero tuvimos una aceptación interesante por parte del público femenino”.

Entanto, la sala verde era un símil de la riqueza de la región, la adoración de los jardines y su connotación de libertad e intercambio, pues en ellos se suele comer y compartir. El elemento gastronómico estrella fue el pistacho.


La Sala Verde en su totalidad. El elemento central, simulando la tradicional fuente que siempre pauta el eje de los jardines turcos, se encuentra una “fuente” de pan sirio, sobre una placa de cocción tradicional.


Diseño para mejorar las experiencias de usuario


La maestría que cursa Marisella se centra en la exploración de los cinco sentidos para crear conceptos de diseño. Como es un máster de creación e investigación, es bastante libre la aplicación, según la profesión original del estudiante. Como Pacheco es Diseñadora Gráfica (multimedia) y cocinera, lo ha orientado a crear mejores experiencias de usuario (UX, User Experience) en proyectos digitales y para explorar el diseño aplicado en alimentos y la gastronomía.


“La maestría me abrió las puertas al mundo de las sensaciones, cómo observarlas, qué mirar, y qué hacer con ellas, pues incluso entre un pequeño flyer y el consumidor, hay sensaciones e interacciones. Además he tenido la oportunidad de trabajar con expertos de muchas áreas que te hacen pensar en la influencia de todos los elementos involucrados en las experiencias, desde el mantel hasta los sabores, y cómo contar historias con ellos, crear discursos coherentes con la comida, así como recrear fenómenos etnográficos y sociales. En la Academia, me lancé con todo hacia lo desconocido, mezclando teorías gráficas con técnicas de cocina; he aprendido a trabajar en equipo con profesionales de diferentes áreas y a ver el diseño como una herramienta global de canalización. Ha sido una aventura loquísima que me ha enseñado, sobretodo, a observar y mantenerme en una especie de vigilia creativa que permite traducir los elementos del entorno en experiencias sensoriales y pensar sobre todo en la gente, recordando que el diseño debería estar centrado en ella”, comenta.



Fuente de Pan Sirio Tradicional rodeado de croquetas de hummus de lentejas.

Como cierre le pregunto si considera posible un proyecto similar para la reunificación y reconciliación de los venezolanos, a lo que contesta:

“Por supuesto, de hecho tengo más proyectos por realizar con la misma asociación posiblemente en Barcelona y Europa del Norte, y me encantaría poner sobre la mesa un proyecto en Venezuela. Cada vez que cocino en cualquier parte del mundo recuerdo que aprendí a amar la comida y los sabores en mi país, y si hay algo que siempre ha unido a los venezolanos es cuando hay ganas de comer… Y ahora mismo, las ganas de volver a comer, por muy desolador que suene. Si algo me ha enseñado este proyecto es que efectivamente el papel de la comida en cada lugar es algo infinitamente explotable y disfrutable”.



Deléitate con más fotografías del proyecto "No borders for food" en:

Instagram: @marisellapacheco

martes, 15 de agosto de 2017

EL MUSEO DEL DISEÑO EN TIEMPOS REVUELTOS


El MEDI cuando tenía rotuladas en su fachada, las marcas de Félix Beltrán.

En una entrevista concedida al diario La Razón, el maestro Carlos Cruz-Diez relató que a principios de los años 90, cuando el gobernador de Caracas Virgilio Avila Vivas le propuso crear un museo y ponerle su nombre, él le respondió que la ciudad requería un espacio para la estampa y el diseño. Entonces, en plena avenida Bolívar, se adaptó el edificio de tres niveles concebido por el arquitecto Horacio Corse para albergarlo.

Tras veinte años de existencia, la institución no posee una publicación o algún texto que cuente su historia. Se sabe que la dirigieron primero Pilar Pérez Baldó y Katherine Chacón más adelante, en gestiones fructíferas que amainaron luego de la salida de Chacón. Entonces sobrevino el “período oscuro” con una serie de directores efímeros. No obstante, la mística de los empleados prevaleció, y el Museo de la Estampa y el Diseño Carlos Cruz-Diez (MEDI) mantuvo sus actividades a la vez que aguantaba los avatares de la revolución bolivariana.

Más adelante, a su costado se erigió el Museo de la Arquitectura (Musarq), mientras que frente a su entrada principal construyeron un conjunto de edificios de la Misión Vivienda. En la actualidad, pese a tener muchos vecinos y entrada libre, las salas del museo suelen tener pocos visitantes. Irónicamente, el chavismo se encargó de ahuyentar al público asiduo a los museos y no logró atraer al “pueblo” hacia ellos.

Los montajes que están abiertos actualmente ya tienen tanto tiempo en las salas que se han convertido en exposiciones fijas y recién me entero sobre un proyecto que inaugurará este año. Se trata de un proyecto que mostrará ejercicios tipográficos realizados por estudiantes de diseño, que viene fraguándose desde hace tiempo y por fin saldrá a la luz. Lo particular es que el MEDI apenas es un receptáculo, tal y como están operando todos los museos nacionales, de modo de que tal y como me comentó un amigo curador en 2016, no pueden mostrar lo que a criterio de los investigadores es relevante, sino las propuestas que puedan ser costeadas por los propios artistas.

En las salas del MEDI se puede ver Atrapando el color que abrió en diciembre 2015 para celebrar el aniversario del museo con obras de Cruz-Diez. El recorrido continúa con La imagen múltiple con estampas de la colección de la Fundación Museos Nacionales, la Emblemática de Gerd Leufert que fue recreada en el pasillo del tercer piso gracias a la iniciativa del Instituto de Diseño Darias, mientras que Negro es una reflexión del artista gráfico Igor Collazos, también está Trestablas, que de alguna manera replica la exposición de gráfica sobre patinetas elaboradas por estudiantes del Cdd  que se tituló Expresiones Urbanas, y finalmente Letras Venezolanas que exhibe 32 propuestas tipográficas en formato afiche que son el resultado de la primera convocatoria lanzada por la Sociedad de Creadores Tipográficos de Venezuela y el Centro Gráfico.





También se mantiene el “remake”, Troxler. Estampas del jazz, la cual parte de los afiches donados al museo cuando se trajo originalmente esta exposición. Este segundo debut apareció sorpresivamente en la programación 2015 luego de que los encargados del museo rechazaran proyectos expositivos originales, incluso con respaldo institucional público. La decisión quedó bajo la sospecha de las decisiones políticas que a mi modo de ver, han embasurado nuestra institucionalidad cultural pública.



Museo en autoaislamiento

Para finalizar esta nota sobre el Museo Cruz-Diez traigo a colación una anécdota de hace semanas atrás, cuando dos de mis estudiantes de comunicación social lo visitaron con el objetivo de solicitar información para elaborar un reportaje con fines estrictamente académicos sobre la gestión cultural en Venezuela. En el MEDI les explicaron que debían remitir una solicitud formal escrita por correo electrónico a la Dirección General de Relaciones Interinstitucionales de la Fundación Museos Nacionales, para ver si dicha "autoridad" les concedía el favor de brindarles los datos que necesitaban.

Escribieron y jamás recibieron respuesta. Para ayudarlos, por mi parte, intenté solicitar ayuda con algún empleado del museo, y todos declinaron amablemente, hasta que alguno indicó que les prohibieron dar cualquier tipo de información sin autorización del respectivo departamento centralizado.

En particular me parece grave este cerco. Es como si la propia FMN obligara a su gente a incomunicarse colocando alambres de púas y un foso con cocodrilos a su alrededor que sólo pueden ser cruzados por quienes las “altas instancias” indiquen.

Por los vientos que soplan, en esta nueva etapa del país, la del chavomadurismo totalitario, tendremos instituciones museísticas cada vez más encapsuladas. Habrá que ver cómo las liberamos.

lunes, 7 de agosto de 2017

MAGO: "LA VOCACIÓN DEL DISEÑO LA DESCUBRÍ A TRAVÉS DEL TEATRO"

Mago comenzó a diseñar la imagen del Festival Internacional de Teatro de Caracas en el año 2000.

La cultura ha signado el camino de este diseñador gráfico venezolano actualmente asentado en Madrid.


Manuel González Ruiz es un hombre de buena estrella, pues recibió clases en la Escuela de Artes de la Universidad Central de Venezuela con el maestro José Ignacio Cabrujas, quien lo animó a hacer teatro. Siguiendo el consejo, se unió al grupo El Chichón que dirigía el gran Armando Carías.

Al conocer las habilidades del joven para el dibujo, Carías le pidió que diseñara los afiches promocionales de las obras infantiles de El Chichón. Así, sin proponérselo, Mago, que es como se le conoce a Manuel González Ruiz, por el uso de las iniciales de su nombre y apellido como firma en las caricaturas y dibujos, descubrió su vocación hacia el diseño gráfico e inició su trayectoria en esta profesión creativa.

“Luego, Carías me recomendó para que trabajara como ilustrador en la revista Ventana Mágica”, aquel brillante proyecto cultural de Ligia de Bianchi para niños, que incluía videos para la televisión. A partir de allí, se inicia una carrera en la que destacan proyectos como la Revista Bigott y La Revista Veintiuno de la Fundación Bigott. Por esta última recibió el premio a “Mejor Revista Cultural”, otorgado por el Centro Nacional del libro (CENAL), en el año 2005.


Las revistas diseñadas por Mago tienen un toque especial.

“Comencé a estudiar en el Instituto de Diseño de Caracas en los años ochenta, pero como trabajaba, no tenía el tiempo suficiente para realizar las entregas, entonces decidí retirarme”, relata. No obstante, continuó construyendo su carrera por sí solo. Mucho más adelante, en el 2010 para ser exactos, Mago obtuvo el título en Comunicación Visual del Instituto de Diseño Darias (IDDAR). Sin embargo “mi formación es continua y al día de hoy sigo aprendiendo en la relación con los distintos clientes nacionales e internacionales, mi portafolio es mi curriculum.”

“Estudiar en el IDDAR me reconcilió con la academia y me ayudó a cubrir ciertos vacíos en mis conocimientos del área, y adicionalmente tuve la oportunidad de ejercer la docencia y dictar, a sugerencia de Juan Carlos Darias, director del Instituto, algunos talleres de diseño de revistas dada la experiencia que ya había acumulado .


El coleccionista

Mago indica que es un coleccionista nato, porque es sumamente curioso. Durante mucho tiempo reunió afiches y revistas culturales: “El cartel es un instrumento maravilloso para comunicar con belleza, tal como hizo Vïctor Hugo Irazábal en el poster El caballo blanco de Bolívar, una de las piezas más hermosas que se han hecho en el país, a mi juicio. Me gustaba tanto que le hice una suerte de homenaje en el cartel de la película El misterio de las lagunas de Atahualpa Lichy”.

A la izquierda, el afiche para la película "El misterio de las lagunas". A la derecha, cartel para una obra de El Chichón.

La colección quedó en casa de su mamá en Caracas. No se la pudo llevar a Madrid, donde reside. Durante años recopiló y guardó material encontrado en los sótanos del edificio de la Cantv de la avenida Bolívar, que era donde estaba el auditorio donde se presentaban en algunas oportunidades las obras del grupo de teatro El Chichón.

Así, por casualidad, halló carteles maravillosos como el de La máxima felicidad, que fue elaborado por John Lange, a quien tuvo la suerte de conocer personalmente, al igual que a otros diseñadores venezolanos que admira, como Santiago Pol, Waleska Belisario y Alvaro Sotillo. “No compartí con Oscar Vásquez, quien considero que es más importante de lo que se recuerda, porque era un ingeniero de la imagen, sumamente metódico, como también lo es John Moore”.


Los Festivales Internacionales de Teatro

Desde su creación en 1973, la imagen del Festival Internacional de Teatro de Caracas se concentró en el poder visual del cartel. Los mejores diseñadores del país fueron convocados para realizar esta importante pieza comunicacional hasta que en la edición del 2000 le tocó el turno a Mago, en aquel entonces director del estudio Factoría Gráfica.

Como hombre venido de las tablas, González Ruiz comprendía perfectamente la esencia de lo que se debía comunicar para promover este tipo de evento. Reconociendo la trascendencia histórica del festival, propuso varios cambios, “entre las cosas que promoví estuvo la creación de un sistema visual coherente y unificado. Logré que hubiera internamente más comunicación entre los diferentes equipos de trabajo del festival y que se comprendiera la importancia de la identidad, que la misma estuviera presente en todas las aplicaciones: el cartel, la grilla, los avisos y hasta los programas de mano”.


Esta es apenas una muestra de los carteles concebidos para el Festival Internacional de Teatro de Caracas. 

Como la experiencia del 2000 fue exitosa, Mago continuó encargándose de la imagen de las seis ediciones posteriores. La última fue en 2013, para la que generó un cambio interesante: “el actor siempre había sido el protagonista, hasta esa oportunidad, en que se homenajeó a María Teresa Castillo, con una ilustración hecha por Leonardo Rodríguez”. Vale añadir que estas piezas fueron seleccionadas para ser exhibidas en la primera Bienal Iberoamericana de Diseño en Madrid.


Cultural Arts Branding

En poco más de treinta años de carrera Mago ha desarrollado una metodología de trabajo aplicada a su especialidad: las industrias culturales. Su larga experiencia en esta área

A dicha metodología la ha denominado Cultural Arts Branding, la cual pone especial acento sobre la identidad: “en el atelier entendemos la mecánica de los procesos creativos, cómo funcionan las audiencias y cómo se desarrolla el diálogo entre creadores y público. Al hacer marcas para servicios y productos culturales debemos saber cómo promocionarlos y para ello se requiere mucha investigación y entrevistas al cliente. Luego nos corresponde organizar y estructurar toda esa data. Es como entrar a una habitación desordenada y comenzar a poner cada cosa en su lugar”, explica González Ruiz, quien además señala que no hay diferencia en la manera de trabajar para una marca comercial y una cultural porque la cultura “también es un negocio que mueve a las personas a consumir productos apetecibles. El branding en ambos ámbitos se maneja con el mismo principio que es captar la atención del consumidor”.



Mago ha creado marcas para diferentes sectores económicos en varios países.

Como ejemplo pone el caso de los informes financieros que diseñó para Econoinvest. “Este tipo de publicación suele ser muy árida, por lo que decidí trabajar con los chicos de Keloide para hacer los gráficos atractivos, de esa forma tomé parte prestado al espíritu artístico para resolver problemas técnicos con esa información que suele ser muy fría”.

Mago logró tener en Venezuela una atractiva cartera de clientes en el campo cultural. Sin embargo, llegó un momento en que ‒más allá de los problemas políticos‒, sintió que había alcanzado el techo profesional y decidió emigrar a España, donde fundó Mago Atelier junto con Miriam Ardizzone, en el año 2012 , porque “necesitaba cambiar de piel, plantearme nuevos retos”.

“Es difícil arrancar de cero”, dice, además de reconocer que la competencia en el país donde ahora vive es feroz. Sin embargo, agradece la lealtad de sus clientes venezolanos que han continuado solicitando sus servicios (muchos ellos también se han mudado del país), además de sumar proyectos en Francia, Israel, Panamá y los Estados Unidos.
Mago cumplió 30 años de experiencia en diseño en el año 2014 y lo celebró con una muestra exhibida en Madrid bajo el título Mago 30. Portafolio Abierto


Las recomendaciones

El primer consejo de este experimentado diseñador es “no descuidar lo físico del diseño. Si bien la autoedición nos ha ayudado, no reemplaza lo manual. Me preocupa que los muchachos no conozcan cómo se dobla un papel o cuál es la mecánica para producir un libro”; confiesa.
La fortaleza y principal experticia de Mago reside en el sector cultural.

De su experiencia subraya como fortaleza la sensibilidad hacia lo manual y lo artesanal. “Me puedo desenchufar y puedo seguir diseñando a lápiz”, comenta.

Asimismo recomienda a los nuevos diseñadores que se documenten, que estén abiertos y pendientes de lo que pasa a su alrededor. “El diseño no es solo tipografía y color, es también historia, es arte, es cultura”, enfatiza y prosigue: “El diseñador debe leer, debe documentarse, ver cine, ir al teatro, visitar museos, escuchar música, así va a funcionar mejor, porque va a enriquecer su mundo creativo con múltiples referencias”.

Más info

Mago en Foroalfa http://corneey.com/q1mqJi