Diseño en Venezuela

domingo, 19 de marzo de 2017

Testimonio de una pionera: “EL AMOR POR EL ÁREA EDITORIAL VIENE DE FAMILIA”


Soledad Mendoza es diseñadora autodidacta, nacida en Colombia, hija del abogado y diplomático Plinio Mendoza Neira. Vino junto a su familia a Venezuela en 1950 a raíz de las revueltas originadas por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán. Su familia retornó a Bogotá, mientras ella permaneció en este país, en el que se transformó en una de las pioneras del diseño de información. Esta entrevista fue realizada en 2009 y decidí dejarla como un relato en primera persona.



Exiliados en Venezuela


Llegué junto con mi padre y madrastra exiliados a Caracas en marzo de 1950. Tenía 14 años de edad en aquel entonces. Mi hermano Plinio en ese momento ya estudiaba en París, donde hizo dos carreras, entre ellas, diseño. Somos 7 hermanos, de los que soy la cuarta. De ellos Plinio Apuleyo, Consuelo, Elvira y yo nos hemos dedicado al periodismo, la edición y el diseño.

Debimos salir de Colombia a raíz del Bogotazo. Mi padre almorzó con Gaitán momentos antes del asesinato, iban a ponerlo preso y acudió a la embajada de Venezuela, donde le dieron asilo.

Mi padre ya había estado como diplomático acá durante la presidencia de Isaías Medina Angarita. Hizo muchos amigos en este país, como por ejemplo, el hijo de Mario Briceño Iragorry quien vivió durante un tiempo en nuestra casa en Colombia.


Plinio me enseñó a diagramar cuando yo estudiaba bachillerato. Luego mi papá me pidió que lo ayudara en la editorial en la que publicamos un libro titulado Así es Caracas, diseñado por Guillermo Heiter. Ese libro ha sido inspiración para mí e hice una reedición en 1980.

Recuerdo a Heiter porque fue el que comenzó a trabajar con mi papá. Vivía cerca de nuestra casa en La Florida y nos visitaba mucho. Mi papá era abogado, pero ya editaba en Colombia un periódico muy conocido llamado Sábado, en el que colaboraron Sofía Imber y Guillermo Meneses, por cierto.

Sábado era un periódico político-literario. Se imprimían 100 mil ejemplares que se distribuían en toda Colombia. No había ni una sola devolución, por eso sólo nos quedaba un ejemplar de cada número para la colección, porque teníamos el problema de la guerra y había escasez de papel. La gente en el interior hacía cola a caballo para buscar su edición. Por lo tanto puedo decir que la tradición editorial viene de familia. Ese fue un proyecto muy importante en América Latina.

Mi papá siempre invitaba en nuestras vacaciones a sus amigos escritores y se caían a versos durante todo el desayuno. La influencia fue tal que sus hijos nos hemos dedicado de una manera u otra al área editorial. Por ejemplo, Plinio escribió su primer libro a los 12 años, que se llamaba Mis primeras palabras.


Inicios en el diseño


Yo estaba de vacaciones y estaba Plinio aquí y entonces él me enseñó a diagramar, a trabajar con los clichés porque él tenía una escuela bastante buena.

De mi hermano aprendí el buen uso de los blancos y con mi papá la importancia de la fotografía. De hecho mi trabajo es muy gráfico y la fotografía juega un rol importante, de hecho tengo un hijo que es fotógrafo, Carlos Beltrán.

En la casa, los sobrinos también trabajan en el área. Consuelo, mi hermana ha hecho muchísimas publicaciones en Colombia.

De pequeña tenía inclinación por el dibujo. Recuerdo un trabajo sobre la industria en Colombia para el que agarré una cartulina sobre la que coloqué granos de café y la hice muy llamativa, todos le hacían dibujitos y yo le hacía cosas distintas.

También recuerdo que había una imprentita cerca del teatro de San Bernardino (Caracas). Levantaban los textos a mano ¿sabe lo que es eso? Hacían folletos, cosas pequeñas, pero era increíble ver al tipo agarrar los tipos, cosa rara, porque lo usual era la linotipia.

Yo supervisaba el diseño en imprenta y obviamente mandaba a repetir los títulos y los textos si no quedaban bien o no me gustaban y claro, viví todos los procesos, pero ese fue excepcional, porque era casi de Ripley.

Estudié en el colegio francés y también aprendí inglés. Fui ahorrando desde jovencita y me fui para París con esa plata. Me salieron a recibir Plinio y Gabo, con quienes fui para Alemania. Estuve en Europa hasta que se me acabó el dinero. Me salvó durante meses una pulsera de morocotas de oro que iba sacando y cambiando en el banco..

Cuando regresé, mi primer trabajo fuera de la editorial de mi padre fue en la revista Páginas, de la Cadena Capriles, donde mi hermana Elvira trabajaba como periodista. El trabajo en Páginas fue algo muy bello, la dirigía Sergio Antillano, yo era muy niña y le discutía portadas y todo. El me aceptaba las ideas. Teniendo algunos meses, me mandó a Grabados Nacionales y me dijo “Solita, si tienes algún problema avísame y yo voy a ayudarte”. Es decir, el tipo que creó la escuela de periodismo en Venezuela me aceptó trabajar siendo tan jovencita. Era muy inteligente, era una maravilla, le hacía caso a una pelagata de 17 años, pero que hacía el trabajo bien, si hubiera sido otro, me manda a la porra.



Lo mejor es que también trabajé para Pablito Antillano para la revista Escena. Creo que es lo mejor que he diseñado, por la libertad para trabajar. La portada siempre dependía de la selección de una foto.

Después diagramé la revista Bohemia y también trabajé como periodista en Séptimo Día, Viasar y en Pandora. Debo decir que yo no laboré en Momento. Allí estuvieron Plinio, Gabo (Gabriel García Márquez) y Karmele Leizaola, a ella la buscaban siempre para hacer equipo.

En ese momento los diagramadores no nos conocíamos, pero sí tuve contacto con Karmele cuando trabajaba para Momento con Plinio y Gabo. Ellos la buscaban, la llevaban o yo la llevaba a su casa. Se cimentó una relación de amistad. También debo decir que no era tan contemplado el diseño en esa época. No lo consideraban, te cortaban las páginas, te las cambiaban de repente y había que volver a trabajar.


Esposa, madre y diseñadora


Me he casado tres veces y prácticamente el primer divorcio fue porque a él no le gustaba que yo trabajara, aunque en reuniones él se jactaba de que yo había hecho tal cosa y la otra, pero en verdad le molestaba.

A él no le gustaba que yo llegara tarde, sobre todo cuando trabajaba en El Nacional, en aquel momento tenía a mi hijo menor pequeño, me quedaba con él hasta las 10 de la mañana, lo llevaba al parque, me regresaba con él, lo dejaba, salía al periódico. A mediodía iba a ver si el niño había almorzado, regresaba a montar el periódico, a la casa otra vez y a las 8 de la noche iba al periódico a supervisar la impresión. Claro, esos horarios no eran fáciles.
Cortesía Archivo El Nacional
Lo primero que hice para El Nacional  fue el suplemento Séptimo Día, que era muy lindo, porque era presentar un tema desde distintos ángulos. Allí además tuve la suerte de estar al lado de excelentes periodistas.

Gráficamente le daba gran importancia a la foto de portada, tras hacer una evaluación con el fotógrafo para seleccionar la imagen que resumía mejor el tema y que diera un golpe de vista título-foto. El efecto en periodismo se alcanza cuando hay una relación fluida entre director y diagramador.

También trabajé junto a Simón Alberto Consalvi, en El Nacional y lo recomendé a De Armas. Recuerdo que tenían un director malísimo, español. Entonces fui donde De Armas el viejo, al que todos le tenían miedo y le propuse al mejor periodista del país, para Bohemia.

Como cosa curiosa recuerdo que diagramé una revista hípica llamada Turf, que era sobre las carreras y los datos de los caballos. Era más gráfica que la Gaceta Hípica.

En este trabajo considero que es muy importante la tipografía. Aprendí mucho sobre ella en un libro en francés que era una maravilla. Ojalá se lo leyera mucha gente que hace diseño actualmente. Tenía las cosas básicas. La letra recta, la Arial. La Futura, que no se puede utilizar como letra de lectura porque el ojo se cansa, es mejor para leyenda, para texto no, porque el ojo se agota.  Las líneas irregulares son mejores. Ese libro era un manual de diseño. Los libros se leen con textos no mayores de 30 picas porque el ojo se pierde. Las revistas actuales pecan de errores, hay algunas que son ilegibles, porque ponen Futura, que es muy linda porque es muy limpia, pero no debe ponerse para texto, siempre se pone el Bodoni, Times New Roman. Con 30 picas el ojo no devuelve. La tipografía es importantísima. Ese libro era el Abecé.

 

Una caja de Pandora


La cajita de Pandora, que era el icono que identificaba la publicación que dirigí la tengo yo. La trabajé fotográficamente en alto contraste. Pandora era muy original, una revista femenina que trataba un tema semanal. Circulaba los sábados con El Nacional.

Siempre me he divertido muchísimo con mi trabajo, porque ha sido inventar cosas, hacer algo distinto, además, me colaboraba toda la gente. Realmente es muy grato porque me ha permitido conocer personas de diferentes espacios sociales.


  

Con Zapata también trabajé en el Sádico Ilustrado, donde nos pagaban con almuerzos en Sabana Grande. También en esa época conocí a Marianela Salazar. En el Sádico nos divertíamos mucho. El concepto de diagramación fue de ella. Hacíamos muchas reuniones, muy divertidas, en las que todos opinaban. Ante todo había una cuestión periodística.

Luego me dediqué a hacer libros con la editorial Diagrama, los diseño yo. Yo estaba haciendo  Viasar  y entonces decidí que mejor me dedicaba al área editorial, me puse a producir por mi cuenta. Los libros los hago yo, y busco los mejores escritores: Arturo Uslar Pietri, Antonio Arráiz, Mario Briceño, Virginia Blanco, etc.., los más importantes escritores han trabajado en mis libros, que son regalos corporativos, los compra una entidad y la otra parte los dejo en librerías. Los bancos son los principales clientes. Siempre he trabajado con la temática de Venezuela, el poder industrial, los pintores.

 

De lo manual a la computadora

La computadora es una maravilla. Yo no sé hacer cuadrados, se me ponen feos, así que fue magnífico que apareciera en nuestras vidas. Manejo la computadora, pero lo malo es que me acostumbré a trabajar con Page Maker que es obsoleto.

Imprimo siempre en Bogotá porque es gente muy profesional y responsable. Acá en Venezuela falta mucho en el área de la imprenta.

lunes, 13 de marzo de 2017

Mad Kick: NOSTALGIA, MÚSICA Y DISEÑO


El contacto era para conversar sobre el proyecto Hemeroteka, y terminamos hablando más de una hora sobre el interesante trabajo de Mad Kick, residenciado actualmente en Nueva York.


Su nombre de pila es José Henrique De Freitas, pero es conocido en el mundo creativo –gráfico y musical–, como Mad Kick. A raíz de “La Salida” arrancó para Nueva York, pero no en plan escapista, sino para cumplir un sueño, porque en el 2013 visitó la ciudad de los rascacielos por primera vez y de inmediato “hizo click” con ella.
“En Nueva York hay una comunidad grande de artistas venezolanos con la que tengo cierto contacto. En mi caso, tengo un trabajo previo, el portafolio habla por sí solo, y en tres años ha habido suficiente tiempo para saber cómo te va”.

Hay que decir que le va bien ejerciendo freelance. De hecho, nuestra conversación es un día después de un viaje de trabajo en Boston.
Los proyectos comerciales los combina con los personales, que son aquellos que ejecuta por puro altruismo, como Vzla Retro, el blog de la nostalgia venezolana y Hemeroteka, con el que recopila volantes digitales de la escena musical nacional  elaborados desde el 2000 hasta el presente.

Del Tuky para el mundo

“Egresé en 1999 del Instituto de Diseño y Artes Aplicadas, del que posteriormente salió el instituto Darias”, explica.

Desde aquel entonces ha pasado por diferentes etapas de crecimiento profesional. Recién graduado aterrizó en el mundo de la publicidad, de donde le quedó la práctica de la dirección creativa y el desarrollo de marcas gráficas. La empresa donde trabajaba cerró después del paro petrolero, ocasión que aprovechó para estudiar una especialización web en el Centro de Diseño Digital e iniciarse laboralmente en ese terreno que estaba en auge en nuestro país.
Hacia el 2006 se entusiasmó con el motion graphics, entonces decidió adiestrarse en Posa Studio y su rumbo apuntó hacia las televisoras por cable, hasta que lo contrataron en Sun Channel por tres años. Luego de dicha experiencia, se sintió preparado para lo que viniera, comenta.

“Entonces comencé a sentir una fuerte inclinación hacia la gráfica para la escena musical, que asumí como un proyecto de vida personal”, relata y prosigue: “Entonces me uní a colectivos venezolanos de arte, diseño y DJ’s, como Abstractor”. Ese fue el germen de Mad Kick.
La propuesta más fuerte de esa etapa que corrió entre el 2009 y el 2012 fue la de rescate de la música electrónica “ghetto” de los barrios caraqueños, conocida como “Changa Tuky o Raptor House”. “Participé en esa escena a nivel gráfico, diseñando los flyers y la gráfica para los eventos del colectivo audiovisual Abstractor”.
Considera que fue descomplicado sumergirse en ese mundo porque creció en La Candelaria y estudió tanto en colegios privados como en liceos públicos, en los que conoció gente de todo tipo e incluso le correspondió efectuar trabajos escolares en casas de amigos que vivían en barrios.

“Para la movida tuky manejé una estética de vanguardia para la que tomé códigos propios de la vestimenta de los Dj’s y los bailarines, en colores fosforecentes, lentes y gorras. Gráficamente reflejé el estilo de estas tribus urbanas en carteles y volantes digitales e impresos”, relata De Freitas.
Fue importante que algunos jóvenes productores clase media como Pacheko y Pocz se interesaran en la escena tuky. Ellos impulsaron esta música electrónica caraqueña hacia el exterior y con la internacionalización del movimiento llegaron propuestas laborales para Mad Kick, quien fue contratado por la disquera inglesa Senseless Records, entre otras. “Nunca imaginé que pudiera ganar dinero de esto, que comenzaran a contactarme para que creara portadas para discos”, confiesa.

El movimiento tuky se fue desbaratando porque las matinés se volvieron ilegales, debido a que la mayoría de sus asistentes eran menores de edad. Se acabaron las fiestas con pinchadiscos y batallas de baile al son de la música electrónica en nuestros barrios.

Y llegó el Desorden


A raíz de los trabajos para sellos disqueros internacionales, un amigo cercano a Desorden Público lo recomendó: “A ellos les gustó mi trabajo y me llamaron para que desarrollara la imagen de Los Contrarios en el 2011. Este disco era importante para ellos porque significaba el regreso, luego de 6 años sin grabar”, cuenta Mad Kick, quien añade: “El reto era presentar visualmente la polarización en un país donde se sufría pero todavía se gozaba, las canciones mezclan lo festivo con la reflexión sobre la intolerancia, las canciones en sí son contrastantes”.
De Freitas asumió la dirección de fotografía, vestuario, desarrollo de marca y edición, es decir, el proyecto completo, al cien por ciento, no sólo del disco, sino también de las piezas de merchandising, aplicando la experiencia acumulada.
Un punto llamativo es que retomó el emblema del grupo, el espía “Dick Pérez” creado originalmente por el baterista Danel Sarmiento. “Lo rescaté como branding, porque es un icono que define a Desorden Público como una ‘institución’, nuestra banda de ska más antigua. El espía los definió en los años ochenta, desapareció un poco en los noventa y lo retomé para reunir a las diferentes generaciones de seguidores, las primeras generaciones de fanáticos se sintieron identificadas, pero para las nuevas, era una novedad”. El resto de la imagen de Los Contrarios es en rojo, negro y blanco, códigos encontrados que señalan el contenido contrastante.
José Henrique De Freitas indica que para los artistas suele manejar mucho la imaginería pop, y que su proceso consiste en escuchar primero todo el disco, luego entra en contacto con los músicos para que le comenten el concepto del disco. Siguiendo ese proceso fue que también desarrolló la gráfica para el argelino-argentino DJ Karim y para Maga Bo de Brasil.

Hemeroteka

José Henrique De Freitas dice que el coleccionismo es la manía a la que da rienda suelta a través del blog y las redes sociales de Vzla Retro, en donde muestra los objetos curiosos que ha acumulado a lo largo de los años. Estos tuvieron algún significado importante en algún momento y quedaron para estimular los buenos recuerdos. Para Vzla Retro De Freitas los fotografía, los produce gráficamente y los acompaña con textos que tocan la tecla nostálgica de muchos.

Con un ánimo similar se le ocurrió impulsar Hemeroteka, pero en tono investigativo. La idea nació en Nueva York, donde se ha dado cuenta que hay muchas personas que atesoran objetos del pasado y los comparten con el ánimo de que las nuevas generaciones tengan esas referencias. Entonces él se dijo ¿por qué no hacer algo similar con Venezuela?
“Me parece importante hacer esto para que los jóvenes vean el imaginario que les permita conectarse con nuestro pasado”.

Al fin de cuentas Hemeroteka es un archivo memorabilia de la escena gráfica-musical venezolana desde el año 2000 hasta el presente, que es el período que De Freitas domina, porque fue partícipe del boom de los colectivos creativos que hicieron “gráfika para los medios digitales”, como Keloide o Masa.
“Tengo año y medio con el proyecto. En este tiempo he contactado a unos 80 diseñadores gráficos que estaban en ese movimiento, y ya he recibido más de 800 flyers de las ciudades grandes, pero también de Barinas, Trujillo, Barcelona, Puerto La Cruz, Yaracuy y hasta uno de Santa Elena de Uairén. Sin embargo, hay que continuar porque me parece que hay escenas que se me escapan geográficamente y por estilo musical”.

De esta preocupación es que ha decidido abrir una convocatoria hasta el 3 abril. Los que tengan algún volante que aportar, pueden enviarlo por aporte@hemeroteka.net
Con el material recibido se hará una curaduría para generar un timeline virtual que grafique nuestra escena musical, pero esto no exime la idea de presentar la información en soportes físicos como una exposición o un libro.

El otro "socio" de Hemeroteka es Luis Palencia (Threz), quien lideraba en Maracaibo la iniciativa "El Supercartel"; mientras que en Caracas Mad Kick estaba al frente el proyecto de gestión cultural "La casa tomada". A partir de la emigración, ambos cerraron dichos capítulos, pero decidieron unir sus esfuerzos y experiencias previas para llevar a cabo juntos Hemeroteka... Palencia desde Miami y De Freitas desde Nueva York.

Hemeroteka es un ejercicio de documentación dedicado a las nuevas generaciones, es el granito de arena que pone Mad Kick para evitar que la cultura visual venezolana se diluya en el olvido, atendiendo a sus intereses centrados en la nostalgia, la música y el diseño.


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sábado, 4 de marzo de 2017

JOHN LANGE, DIRECTOR DEL IDD



En febrero del 2006 entrevisté a John Lange porque estaba investigando sobre el Instituto de Diseño Neumann. Se ha escrito sobre su obra como diseñador, pero poco sobre sus nexos con el IDD. Les comparto parte de su testimonio, como una pieza invaluable para la historia del diseño venezolano.

Corría el año 1964. Venezuela estrenaba presidente: Raúl Leoni, quien estuvo al mando de un país que mantenía un ritmo acompasado de modernización y crecimiento.

En ese entorno surgió un proyecto educativo de avanzada: el Instituto de Diseño (IDD), primero de esa índole en nuestro país y tercero en Latinoamérica, impulsado por el empresario de origen checo Hans Neumann, quien vino huyendo del régimen comunista junto a su hermano, esposa y un hijo pequeño, tan sólo con la ropa que llevaban puesta y una fórmula química que originó el negocio que le daría fortuna: Pinturas Montana, que creció y diversificó hasta formar el Grupo Corimón.

John Lange conoció a Hans Neumann en el taller de la Nena Palacios en los años cincuenta. Ese era el sitio de reunión de todos los artistas relevantes de la ciudad y parada obligada para toda personalidad del mundo de la cultura internacional que nos visitaba. “Yo conocí a Hans en el taller de la Nena y nos hicimos amigos y yo lo admiré mucho, porque era un gran conocedor de arte. Tenía una colección realmente notable, de primera. Tenía de Picasso para abajo, una colección muy bien seleccionada. Era un hombre con un criterio artístico muy fino. También era amante de la música, como yo, compartíamos muchos gustos. El estaba muy pendiente de todo el movimiento plástico en el país y le dio muchas cosas, fue un verdadero mecenas, por eso yo lo estimé. Fue un personaje al que Venezuela le debe mucho, porque entre otras cosas, el contribuyó con Sofía Imber, para la colección del museo. Era un personaje realmente generoso y capaz de intentar cosas, era un gran inventor. Creó el instituto y un grupo de empresas, era un capitán”.

Hans Neumann

La admiración que sintió Lange hacia Neumann es genuina y se ha mantenido intacta luego del fallecimiento del industrial, el 11 de septiembre de 2001, sí, el mismo día del atentado al World Trade Center, lástima, porque el ataque en Nueva York opacó la trascendencia de esta pérdida para los venezolanos: “Aunque nunca perdió su acento checo, era un gran conversador, de manera que todo lo que te puedo decir sobre Hans es bueno, porque era como un segundo padre, fue el hombre que me dio estímulo, que confió en mí como diseñador”.

Aunque Lange trabajaba free lance, obtuvo durante 35 años encargos provenientes del Grupo Corimón. Entre ellos estuvo la Revista M, además de impresos para Resimón, Cerdex o Montana Gráfica y los fabulosos libros que se producían como regalo corporativo anualmente. “Hice por lo menos 20 libros, todos interesantes como el de la Historia de la Publicidad en Venezuela” de Antonio Olivieri, relata.


Una escuela como reflejo de un país

John Lange afirmaba que Hans Neumann pensó en el Instituto de Diseño en función del desarrollo del país, y por eso nació con dos ramas, gráfico e industrial, aunque lamentablemente la segunda no cuajó, “porque era muy costosa, porque no habían suficientes profesores para el diseño tridimensional y tampoco había la posibilidad de tener los laboratorios para desarrollar la especialidad. Hubo una serie de pequeños fracasos, y cuando entré como director propuse que se eliminara la mención porque no había la manera de hacerla funcionar de forma digna”, explica Lange, quien sin embargo señala que el instituto fue una experiencia muy positiva en todo sentido.

Cortesía de Carlos Cruz-Diez

En el momento en el que es fundado el IDD la única escuela de artes era la Cristóbal Rojas, que en 1958, bajo la dirección de Luis Guevara Moreno, abrió un taller de artes gráficas en la que dictaban clases nada más y nada menos que Pedro Angel González, Carlos Cruz-Diez y Gerd Leufert. De esa única experiencia se organizó en 1960 una exhibición de las entregas finales de los estudiantes que llamó mucho la atención a los medios de la época, señaló el maestro Cruz-Diez en un mensaje por correo electrónico enviado en 2015.

Esa experiencia no se repitió y quedó un vacío formativo que terminó asumiendo el IDD. Cuenta John Lange que Hans Neumann tuvo que ver mucho con la creación del pensum de estudios, porque conocía muy bien las necesidades del país, además de que mantenía estrecho contacto con el mundo artístico. El se rodeó de selecto un grupo de creativos que lo asesoró.

“Yo trabajé en el instituto desde los inicios, dando las primeras clases de Diseño Editorial. En esos primeros grupos estuvieron Ana María Mazzei, Margot Römer, William Stone, Rolando Dorrego, José Antonio Quintero y Teresa Casanova”, antes, había sido profesor de diseño editorial en el Inciba. De aquel período recuerda: “estuve un año solamente (en el IDD) porque tenía otras cosas que hacer. En ese entonces yo tenía muchísimo trabajo, pero luego, en 1979 me llamó nuevamente Johann Ossot para que lo acompañara como coordinador docente”.

Al poco tiempo sobrevinieron conflictos al traspasar el IDD al Ince, salió Ossot de la dirección y lo siguieron en el cargo efímeramente Karl Lehoffer y Augusto Moreno (un funcionario del Ince que nombraron director encargado), y luego Efraín González entre 1980 y 1981. González, que es diseñador industrial egresado del IDD en 1970, padeció el pináculo de esta crisis, con todo y cambio de nombre de la institución a “Centro de Diseño Ince”, aunque su comunidad no dejó de llamarla “la Neumann”.

La gestión de González estuvo preñada de problemas, entre el déficit presupuestario y el descontento de los profesores por las fallas en sus pagos, lo cual llegó al colmo con una situación de “secuestro al director”. En el ínterin, se negociaba con la Fundación Neumann que acogiera nuevamente la escuela hasta que a finales de 1981 se logró una conciliación en ese sentido y el nombramiento de John Lange como director.

Folleto de exposición del IDD en el Museo de Arte Contemporáneo.

Lange rememora: “Una cosa que hice cuando fui director del instituto (entre 1982 y 1988), es que empecé a traer como profesores a ex alumnos que habían sido brillantes y tenían training de trabajo. Entre ellos estuvo Sigfredo Chacón, Pedro Mancillla, Kika Alcega, que venía de Londres, Patricia Van Dalen, que daba color a nivel de primero y segundo año, quien había estado trabajando en París. Llamé a Teresa Casanova, en fin, un grupo de personas que habían sido estudiantes y regresaron como docentes… Cuando me voy del instituto era porque tenía mucho trabajo en Editorial Arte, me salgo por eso y porque sentía que el IDD ya estaba en una situación muy crítica, muy compleja. La situación económica era muy difícil, no habían los suficientes ingresos para mantenerlo como se quería, el nivel de los profesores no se podía sostener. En fin, hubo una serie de problemas por los cuales yo renuncié”.

El psiquiatra Carlos Marchiani fue su sucesor en el IDD, que era una bomba de tiempo que terminó por explotar en sus manos. De la detonación nació Prodiseño, y parte de esa historia la relato en el post: http://www.disenoenvenezuela.com/search?q=prodise%C3%B1o

Mariví Frías fue una de las estudiantes que optó por quedarse y “ayudar a que el IDD se mantuviera a flote”. Frías cuenta que Marchiani apenas duró unos meses como director, y luego de él Miriam Orta de Salas asumió el cargo.

Para John Lange la historia fue distinta, pues pasó a ser asesor de diseño del Museo de Arte Contemporáneo en 1989 y en 1990 fue nombrado director de diseño del Centro Cultural Consolidado, donde realizó diseño editorial, museográfico y hasta escenográfico. En 2003 inició el trabajo en la sala Trasnocho Arte Contacto, donde en 2007 se hizo una retrospectiva de su labor creativa titulada John Lange. Reseña de una estética personal.

A lo largo de su recorrido profesional ha recibido reconocimientos de diversa índole. Entre ellos está el capítulo “El súper-estético John Lange”, escrito por la crítico de arte Marta Traba para el libro Mirar en Caracas (Monteávila, 1974), una distinción del Art Directors Club of Metropolitan (Washington) y una medalla de bronce en 1989 de la Feria internacional del arte del libro de Leipzig.