Diseño en Venezuela: CREAR MUEBLES CON EVOCACIÓN DEL PASADO

sábado, 15 de mayo de 2010

CREAR MUEBLES CON EVOCACIÓN DEL PASADO


El creador venezolano considera que sus piezas no se encasillan en ningún estilo y que muestran reflexiones sobre el concepto y la forma.

Los muebles diseñados por Jorge Rivas poseen una irrefutable conexión histórica proveniente de sus investigaciones académicas, lo que no es extraño, porque Rivas también se desempeña como curador de arte colonial para la Fundación Cisneros, y actualmente cursa un doctorado en el Instituto Bard de Nueva York, en el que pretende ahondar sobre la cultura material, su gran interés.

Sobre su trabajo como diseñador comenta: “En varias piezas de marquetería que he concebido hay una manifiesta intención neoclásica que rescata una tradición breve, pero importante, entre 1795 y 1810 en nuestro país”. También reconoce la influencia que ha ejercido sobre su obra el mobiliario manufacturado por el ebanista Serafín Antonio Almeida, nacido en Guarenas a finales del siglo XVII.

En otras piezas resaltan las “formas indígenas”, como en el pequeño banco creado en 2003, cuyas curvaturas aluden a los bancos chamánicos de nuestras etnias amazónicas.

Asímismo resaltan los muebles que hacen referencia a la modernidad venezolana de los años cincuenta, los cuales se han inspirado en la producción de Cornelis Zitman y Miguel Arroyo, por un lado, y en la visualidad de las pinturas abstracto-geométricas de Alejandro Otero, por el otro. El resultado de la influencia de los “Colorritmos” son las superficies construidas con fragmentos de maderas de diferentes tonos: a esta técnica se le llama desconcertado, y tal ha sido su éxito, que desde hace años los artesanos del Valle de Quibor se apropiaron de ella y por eso ya nos resulta familiar. Podemos apreciar el desconcertado y la influencia moderna en la mesa Zig-Zag, una de sus favoritas.

Paso por Florencia
Aunque Jorge Rivas se graduó como arquitecto en la Universidad Central de Venezuela, siempre sintió atracción por los objetos de menor escala. Por esta razón, después se especializó en diseño industrial en la Universitá degli Studi di Firenze, donde gracias a una beca del gobierno italiano obtuvo una formación técnica que se concentró en las nociones de producción en serie y las cualidades de los materiales para la fabricación.

Luego de tres años de estudios en Florencia retornó a Caracas, desempeñándose desde 1989 como diseñador independiente para Casa Curuba, la reconocida tienda de Dennis Schmeichler, que está conectada a un taller de carpintería artesanal en el que se elaboran mobiliario y piezas ornamentales.

Desde que puso manos a la obra con Casa Curuba, Rivas se divorció de las ideas de su antecesor: Emile Vestuti, arquitecto estadounidense que creó asientos fundamentados en la tradición artesanal larense. Vestuti fue además quien instruyó a los artífices que trabajaban en el taller ubicado en el Valle de Quíbor sobre cómo leer planos técnicos.

“A mi juicio, las piezas estaban elaboradas con secciones muy grandes, por lo que había mucho desperdicio de madera, y a mí siempre me han interesado las estructuras límite, en las que se aprovecha hasta el material de desecho”, explica.

Considera que sus creaciones no pueden encasillarse dentro de un estilo: “Mis muebles reflejan reflexiones sobre el concepto y la forma, por eso son muy distintos unos de otros. Sin embargo, puedo afirmar que entre ellos existen coincidencias en el análisis de la relación del todo con las partes, en la geometría del objeto, en el ensamblado de las partes y en la evocación del pasado que empuja las ideas hacia un nuevo estado”, explica el diseñador, cuyo trabajo fue expuesto en Maderas de Jorge Rivas. Innovación en la tradición, presentada en 2004 en la Casa Alejo Zuloaga de la Fundación Polar, y en Jorge Rivas, montada en 2005 en la Sala Trasnocho Cultural.

Maderas finas
El mobiliario de Rivas muestra un increíble equilibrio entre técnica e ideas. Sobre el primer punto comenta: “hay que saber sobre madera y trabajarla para proyectar con ella”.

Declara su preferencia por las maderas duras venezolanas, “porque tienen vetas y colores intensos”. Entre sus favoritas se cuentan cedro rojo, carreto, gateado, pardillo negro, ébano criollo, zapatero y roble. Vale comentar que Casa Curuba trabaja con maderas certificadas.

Originalmente publicado en el suplemento Espacios de El Nacional. Caracas, 9 de mayo de 2010.