Diseño en Venezuela: ENTREVISTA A KARMELE LEIZAOLA -2da parte-

domingo, 19 de septiembre de 2010

ENTREVISTA A KARMELE LEIZAOLA -2da parte-

Segunda parte de la entrevista a la pionera del diseño gráfico venezolano Karmele Leizaola.

¿Enseguida que llegó empezó a trabajar?
Nuestros padres consideraban que nosotros éramos muy jóvenes para trabajar, entonces nos inscribieron en el externado del San José de Tarbes dos años, por estudiar algo, una de esas carreras generales. Nos daban artes, historia. Las tres hermanas en la misma clase. Más que nada imagino que nos llevaron allí por el francés porque la directora era francesa.

¿Cuándo se inició en el diseño? ¿En la Tipografía Vargas?
Yo tenía cierta facilidad para el dibujo, siempre la tuve y supongo que papá pensó que era la adecuada para trabajar donde él trabajaba, en el campo de hacer revistas, especialmente Elite. Entonces, me llevó allá. Pasé de intérprete con un suizo que dibujaba, no se hacían fotos a color en aquel entonces, ni hablar. Se trabajaba con verde y naranja para darle una sensación de color a la portada de la revista.

El suizo hablaba francés y el jefe de taller era el maestro Toro, un venezolano que no le entendía nada. Entonces papá me llevó para que fuera intérprete entre el suizo y el maestro. Entonces me daba cuenta qué hacía él, al dibujar las portadas.

¿Recuerda el nombre del suizo?
No en absoluto.

¿Y cómo fue su inicio en el trabajo?
Después del suizo vino un italiano, pero el italiano se fue, y entonces mi papá me dijo: ahora lo vas a hacer tú. Eso fue antes de la caída de Gallegos.

Me tocó la pauta de la caída de Rómulo Gallegos. Ya en ese entonces trabajaba con Plinio. Mi padre me dio las primeras instrucciones de cómo actuar. Debía trazar una diagonal detrás de la foto para calcular las columnas.

La revista era semanal y el método del huecograbado era el más rápido.

El texto era en plomo. El cálculo del textos en plomo era inamovible y había que ser muy certero. El diseño era muy poco dúctil en aquel momento.

Uno tenía relación con linotipistas, con los cajistas, con todos, para conseguir algo. Una gran relación con el taller para tratar de conseguir algo. Esa fue mi enseñanza.

¿Después de Elite dónde trabajó?
Al salir de Elite todavía estaba Pérez Jiménez. Acababa de entrar a Momento cuando cayó Pérez Jiménez.

Momento era una revista nueva. Habían salido pocos números cuando yo entré, le sucedí a Carlos Cruz-Diez, porque en aquel momento los directores de revistas llamaban a los diagramadores conocidos. Cruz-Diez venía del mundo de la publicidad, luego se dedicó al arte. Yo tuve siempre un sentido más periodístico que fui agarrando con las personas con las que me había tocado trabajar. Además pude estar en la pomada de la cultura y la política porque la revista tenía que plasmar eso.

Bueno, ahí volví a trabajar con Plinio, con quien aprendí mucho y con Gabo, bueno, con él no aprendí mucho. El era encantador, muy simpático, pero era muy sui generis. Para cuando salió Cien años de soledad, yo muchos de esos cuentos ya los sabía porque se los había oído. El hablaba, tenía eso en la cabeza, se me ponía así en la mesa (pone la cabeza apoyada sobre los brazos), y me echaba cuentos y más cuentos.

Recuerdo que me tocó estar con ellos en Momento a la caída de Pérez Jiménez. Los dueños de la revista eran los Ramírez Mc Gregor y la familia Rangel, pero ninguno de ellos estaba en ese momento y quienes tuvieron que sacar la revista como sea fueron Plinio y Gabo.

¿Para ese momento estaba casada o soltera?
Yo me casé tarde para ese momento…a Dios gracias soy mala para las fechas.

¿Y eso qué significa?
Tarde fue a los 29 años, la gente en aquel momento se casaba más temprano.

¿Cuándo salió de Momento?
Estuve en varias cosas hasta que llegué a El Nacional. Quien me llamó fue Simón Alberto Consalvi que hacía una especie de dominical. El jefe de redacción era Moradell, un catalán, fue jefe de redacción durante muchos años. Ellos me pidieron que entrara a la Secretaría de Redacción del diario. Hasta ese momento en Venezuela nunca había estado en una secretaría de redacción una mujer.

Bueno, la gente no estaba acostumbrada a tener a una mujer en ese puesto, y además yo venía del mundo de las revistas, cuya diagramación tiene otro sistema. Por cierto, comenzando metí la pata y Moradell me echó un regaño porque actué como en una revista, pero ellos querían darle un vuelco al diario. Se trabajaba de una forma terriblemente mecánica, pero no con sentido crítico desde el punto de vista tipográfico. Había en todas las páginas una gran mezcla de tipos y yo ya había trabajado en las revistas el sentido tipográfico y el cómo titular, pero que también es trabajo del periodista, pero después tú tienes que interpretar y darle a la página una facilidad de lectura, que no esté borracha la página y un sentido y una personalidad.

Me costó entrar en el sistema en cuanto a que mi jefe era muy cuadrado, y todos a veces me decían: eso no se puede hacer, y venía y bueno, yo lo hago. Y Moradell tenía la idea de que el periódico había que modernizarlo porque veían periódicos del extranjero.

Aprendió mucho observando…
Como le digo a los que han aprendido conmigo: mirando. Si algo te gusta, tienes que analizar por qué te gusta. No te gusta porque sí, si estás en el medio, tienes que darte cuenta porque se actúa de una manera u otra.

Entrábamos a trabajar a las 6 de la tarde y salíamos a las 12-1 de la noche. Teníamos que ver cómo se montaban los clisés y plomos. Cada quien debía supervisar el montaje de su página.

Había páginas emblemáticas en el periódico. Una era la C-1 (cultura). Ellos se habían dado cuenta de que tenía un sentido de algo. Un día me permitieron hacer la C-1 y entonces me puse a hacerla y tenía a Moradell detrás viendo, era una página completa a 8 columnas, y coloqué el título de cabecero en 60 puntos, eso era un exabrupto, porque si tenías 8 columnas tenías que ir de 80 a 90 pa’rriba.

Entonces él me dijo: ¿eso no es poco? Y le digo: mire, no es poco, porque le voy a dejar un blanco muy grande, y se va a leer muy bien.

Esa respuesta me quedó grabada, porque él me respetó, y como me dejó eso, me dejaron hacer otras cosas.

¿Qué consejos les da a los diseñadores de la información?
Siempre pienso que el diseñador tiene que pensar que su trabajo debe ser legible, en primer lugar. A la gente no se le puede poner trabas, la información debe entrar rápido por los ojos, debe evitarse que quede defraudado el lector. Calibrar mucho lo que uno hace para el lector, porque uno al lector lo educa.

Para mí es importante que vaya en consonancia la tipografía con el tema, esa es una regla de oro. El tema también tiene importancia para consideraciones de tamaño, pero sobre todo para la consonancia entre el fondo y la forma. Debe haber armonía.

¿Y qué cuenta de la primera etapa del suplemento Feriado, un hito en los dominicales del país?
Allí trabajó gente muy talentosa, muy buenos redactores, gente con muy buenas ideas. A nivel gráfico estuvieron Víctor Hugo Irazábal y Eneko Las Heras, mi hijo, en las ilustraciones. Este equipo generó la idea del collage visual. El director era Luis Alberto Crespo.

Eramos tan privilegiados que teníamos un espacio que decorábamos y nos poníamos de acuerdo para prepararnos las comidas. Nuestros almuerzos eran un evento.