Diseño en Venezuela: ENTREVISTA A LA PIONERA DEL DISEÑO GRÁFICO VENEZOLANO KARMELE LEIZAOLA - parte 1-

domingo, 12 de septiembre de 2010

ENTREVISTA A LA PIONERA DEL DISEÑO GRÁFICO VENEZOLANO KARMELE LEIZAOLA - parte 1-


Esta entrevista fue hecha hace dos años. Estaba esperando por ser publicada, pero como no se pudo la guindo en este espacio, porque es un testimonio profesional y de vida que vale la pena leer.

"En un homenaje que me hicieron (en el 2008), mostraron un audiovisual en el que la primera imagen era una página hecha por mí en la época que salía Rómulo Gallegos de la presidencia. Vi la llegada de la Junta Militar y el inicio del gobierno de Marco Pérez Jiménez. En ese momento yo ya estaba metida en esto. Todo eso me tocaba a mí plasmar casi en un formato estándar, un formato grande para una revista. Yo hacía diseño –eso no podía llamarse diseño-. Mi papá me dio las primeras instrucciones para que eso funcionara", relata Karmele Leizaola, remontándose a finales de la década de los cuarenta en Venezuela.

Mi papá era el gerente de la Tipografía Vargas, primera imprenta en trabajar en huecograbado en este país. Luego el Offset lo desplazó. La revista la compró más tarde la Cadena Capriles. Cuando compraron la revista me trasladaron a mí también, pero estuve poco tiempo. Por casualidad, digo, me hicieron el homenaje en la Cadena que ahora dirige el hijo.

Lo que quería decirte es que la primera imagen que estaba plasmada era esa página de Elite ya con la Cadena Capriles. Después otros trabajos que he hecho en varios sitios

Trabajé con Simón Alberto Consalvi con el regreso de los adecos al poder. Simón Alberto es un periodista nato, un hombre que ama el periodismo. Con él he trabajado mucho siempre, he hecho trabajos que me han gustado porque él también tiene el sentido de la cultura. El hizo los primeros números de la revista cultural…

¿Imagen?
Sí, y los primeros números y el logo que tenía los hice yo. Pasó una cosa muy curiosa con ese logo, cuando salió Consalvi, la revista pasó a otras manos, pero siempre gubernamentales, otras gentes, y le cambiaron el logo, no el nombre. Y en años muy recientes Luis Alberto Crespo, que llegó a ser director de Imagen, repuso mi logo. El es muy amigo mío, yo le llamo el divino loco. El es loco, pero es divino. Los primeros se imprimieron en huecograbado.

Te estoy hablando de la vuelta de los adecos al poder. Simón Alberto fue ministro de Betancourt, director del Inciba. Se trabajaba en plomo y todo eso requería un cálculo previo muy grande para lograr las cosas que uno quería conseguir. Hoy día hay muchas facilidades. Para mí fue experiencia muy hermosa, también a nivel de contenido. Recuerdo cuando se celebró la primera edición del Premio de Novela Rómulo Gallegos, que lo ganó Vargas Llosa. Era un trabajo con el que realmente me sentía a gusto. Fíjate, no hubiera sido una buena diagramadora de deporte, porque no me llama la atención, pero cuando veo que otros lo hacen y lo hacen muy bien, pienso: esto no lo hubiera hecho yo, pero lo cierto es que he trabajado con gente brillante.

Con Consalvi trabajé en una revista que se produjo en la Cancilleria cuando el trabajó allá. Eran cosas que hacía por amistad, además de otros trabajos, porque siempre estuve atada a trabajos. También pasé por el Bloque De Armas.

En De Armas me tocó trabajar con Sofía Imber. Ella tiene fama de difícil, pero yo me las arreglé muy bien con ella. Trabajar en De Armas no era muy agradable, era como trabajar en una cárcel y a mí esas cosas siempre me afectan, pero ella me dio una gran libertad. Yo le dije: Sofía, yo no quiero trabajar en este espacio, déjame trabajar donde se imprime la revista. Ella me mandaba todo, hasta el sueldo, con un motorizado, en un sitio libre, en la imprenta, fue sumamente comprensiva.

Con Plinio trabajé en Momento y en Elite. En Momento también estaba García Márquez, qué trío.

Plinio Apuleyo Mendoza era muy exigente, pero uno aprendía. Fue una de las personas en este trabajo que me abrió camino. Es importante saber con quién uno trabaja.  

Su familia viene a Venezuela exiliada a raíz de la Guerra Civil en España
Llegó primero mi papá. El era impresor y manejó la primera máquina de huecograbado que trajeron de Estados Unidos. El primer trabajo que agarró aquí como un pobre inmigrante fue con su cámara Leika, en un periódico. Le pidieron tomar unas fotos de boxeo, él siempre había tomado fotos y sabía manejar su máquina.

De ese periódico lo botaron porque era comunista, según la embajada española que le hacía seguimiento a los exiliados acá. Entonces lo aceptó Juan de Guruceaga y entonces mi padre siempre trabajó con él, no cambió más de trabajo. Don Juan era una persona muy abierta de ideas y estuvo muy ligado a toda la gente que después estuvo presa y durante la dictadura de Pérez Jiménez tuvieron que estar muy calladitos.

En los años 40 llegó su padre
Mi padre en el 40 y nosotros en el 45. Todos los hijos en el 45 porque estuvimos 5 años separados por la guerra mundial. Nosotros estábamos en Francia, en la parte ocupada por los alemanes.

¿Y usted recuerda la guerra?
La guerra civil me agarró con 6 o 7 años, edad suficiente para saber y recordar. Después vivimos en la Francia ocupada por los alemanes. Mi mamá, la pobre, que antes tenía su marido con ella debía esperar las cartas que entraban por un país neutral, que era España y de ahí con contrabandistas que le pasaban las cartas.

Soy vasca y vivíamos del lado francés. Dentro de todo era un exilio bueno porque éramos hermanos de la gente de ese lado de la frontera, del lado de los Pirineos, y teníamos a los alemanes incluso en la casa.

En un perfil suyo indica que su primer trabajo en Venezuela fue como traductora...
No, eso me suena extraño, pero sí puedo decir que mi educación básica fue en francés, hasta mis primeros años de bachiller y luego los estudios completamente rotos entre España, Francia y aquí. Cuando llegué tenía cumplidos 16 años.

No me metí nunca en la parte de redacción para ningún efecto.

Relate cómo fue su llegada a Venezuela
Eramos 8 hermanos. Soy la tercera hija. Acá tengo hermanos que han hecho desde el kinder, los menores.

Con la guerra no había nada oficial para atestiguar nuestros estudios. Yo acá no pude seguir estudiando. Sin embargo teníamos una formación buena.

Mi papá era muy peculiar, porque él se enamoró de Venezuela. Recuerdo cuando éramos chiquitos y mamá nos leía las cartas que él nos mandaba, después de pasar por manos y manos. Recuerdo que al mismo tiempo era poeta y a pesar de todo lo que le estaba pasando, nos contaba cómo era la Caracas de entonces que después la encontramos nosotros.

El nos contaba lo que le llamaba la atención. Por ejemplo, la Tipografía Vargas quedaba de Pajaritos a La Palma y a nosotros eso nos parecía el “súmmum” de bonito. Vinimos a Venezuela sabiendo que veníamos a un país buenísimo, el que nos había transmitido nuestro padre a través de sus cartas.

Cuando llegué, iba a la imprenta de la mano de él, pasando por la plaza Bolívar y llegaba a Pajaritos, luego se trasladó a otro lugar.

Yo he conocido la Caracas colonial total. Luego, a muchos compañeros, hombres, les he dicho: yo soy más caraqueña que ustedes, porque ustedes no conocieron la Caracas que yo conocí. Esos son los recuerdos buenos que uno tiene.

A mi me da lástima las casas señoriales preciosas que se han botado en el Centro de Caracas. Y el hotel de inmigrantes adonde llegamos era una casa de Ibarras a Maturín que colindaba con una de las pocas casas coloniales que han quedado, de Veroes a Jesuitas, es de la familia Mendoza. Nosotros veíamos dos chaguaramos enormes que todavían los conservan.