Diseño en Venezuela: TESTIMONIOS DE ARGENIS MADRIZ, PRIMER DISEÑADOR INDUSTRIAL VENEZOLANO

sábado, 7 de enero de 2012

TESTIMONIOS DE ARGENIS MADRIZ, PRIMER DISEÑADOR INDUSTRIAL VENEZOLANO

Argenis Madriz fue el primer venezolano en estudiar y graduarse en Diseño Industrial. En estos días de limpieza profunda en biblioteca y archivos, hallé la transcripción de una entrevista que le realicé en su apartamento de Parque Central, el 14 de agosto de 2003, como parte de la investigación para la Megaexposición I.
A la muerte de Juan Vicente Gómez viajó a Caracas para estudiar arte puro en la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas. Luego fue becado y se fue a estudiar Diseño Industrial y Cerámica en Filadelfia. Murió en mayo del 2004.
Cáliz forjado en plata, años 60, década en la que fue distinguido
con el Premio Nacional en Artes Aplicadas. Col. Fund. Museos Nacionales
El contacto en Nueva York
“En 1963 aún estaba estudiando diseño industrial en Filadelfia cuando el señor Hans Neumann me citó en Nueva York. Entonces me dijo que había hablado con Miguel Arroyo, Benjamín Mendoza, el doctor Palacios (del INCE) y Guillermo Meneses, porque habían pensado en crear un instituto de diseño en Venezuela.

Sabían que me faltaba poco más de un año para graduarme y me propusieron que regresara a Venezuela a sentar las bases programáticas del instituto. Entonces me vine y conversé fundamentalmente con Miguel Arroyo.

Para ese momento en Venezuela no habían diseñadores industriales, sino arquitectos y artistas plásticos que diseñaban objetos pequeños”.

De Caracas... a Filadelfia
Prototipo de juego de cubiertos para niños forjado en cobre, presentado por Madriz
 en el Philadelphia College of Art.
“Yo vine a Caracas a estudiar artes en la época en la que estaba frente a la Academia Antonio Edmundo Monsanto. En aquel momento se establecieron salones anuales de arte y los premios de estímulo para los artistas nacionales, las becas para los cursantes de artes y se enviaron algunos jóvenes a estudiar en el exterior, principalmente en México.

Quería ser artista, pero después me di cuenta que un artista es un milagro que aparece cada 200 años. Sin embargo, estudié allí y me dio desahogo espiritual. Aproveché un curso de formación docente para artistas y me gradué de profesor de educación artística. Posteriormente en el Pedagógico de Caracas me gradué de profesor de castellano y literatura. Ya para ese momento era muy amigo de Miguel Arroyo.
Se presentó la oportunidad de enviar cinco estudiantes al exterior, de los cuales fui yo nada más.

Entonces, cuando estaba en el tercer año de la carrera fue la entrevista con Neumann. A raíz de ella terminé, regresé y terminé como director del Instituto”.

Efímero director de la Neumann
Esta elegante cafetera en bronce
con detalles en madera, fue exhibida
en la Megaexposición I
"Mucha gente veía acá una relación estrecha entre arte y diseño, justo porque no habían profesionales diseño. Me tocó asumir esa función. Vine a dirigir un instituto técnico en un país sin industria y sin profesionales preparados para dictar clases en él. Estaba consciente que la Neumann no tenía relación con la organización de una escuela de artes plásticas, ni con un taller de arte libre. Mi idea era organizar este instituto como una fábrica si se querían formar profesionales que diesen a la industria su cooperación.
Para lograr ese propósito se necesitaba que el Director gozara de créditos ante los profesores y alumnos por su preparación y especialización en esta rama, pero que a su vez tuviese autoridad para remover el personal que considerase incompetente y escoger colaboradores que se sintiesen directamente responsables ante él. Con este criterio acudí a la instalación de la junta directiva del Instituto, en donde se llegó a una serie de decisiones sobre el proyecto de reglamento que había redactado.

Cuando el secretario me envió copia del acta de la reunión de la junta, me sorprendió que no se le daba al director libre independencia en dos aspectos clave: remoción y contratación de profesores.

Otro problema fue que cuando llegué a Caracas (a mediados de 1964, ya que el IDD abrió sus puertas en julio de ese año) la secretaria, la bedel y todo el personal estaba nombrado y no me veían como director. Entonces un día, necesito enviar un oficio y la secretaria me dice que no, que debía consultar al señor Neumann. Y yo le digo que para qué, que hiciera el oficio, y listo. Con estos detalles quiero explicar cuál era mi situación allí”.

La renuncia
"Luego de la fallida aprobación del reglamento que puse a la consideración de la Junta Directiva, noté que yo quedaba como un sándwich entre la junta y el profesorado, formado principalmente por artistas que por no tener una efectiva ejercitación en el campo del diseño, asimilaban la carrera con las artes plásticas, y el perfil del diseñador con el del pintor.

Más aún, ignoraban que en el campo técnico la concepción de las obras muy pocas veces se debía a una audacia aislada o a una inspiración individual.

Esos eran los límites que veía yo recién llegado de los Estados Unidos, un país industrializado. Entonces llego a una escuela en la que encuentro un montón de muchachitas que creían  que el diseño era cosa de pastillaje y manualidades.

Ante todas esas circunstancias que me causaban incomodidades, renuncié”.
Diseño de secador de cabello. Prototipo industrial, Philadelphia College of Art. Tanto esta imagen como la de los cubiertos están en el libro Nueva Educación Artística, escrito por Argenis Madriz y Antonio Rodríguez.
Y después
Sin embargo Argenis Madriz sentía orgullo de  haber dictado clases a estudiantes brillantes como Alvaro Sotillo, Carlos Rodríguez, Pedro Mancilla y Margarita Calvani, todos ellos destacados diseñadores gráficos en nuestro país.

Depués de su experiencia en el Instituto de Diseño, se dedicó completamente a la educación artística. En aquel momento en el que conversé con él, su interés estaba centrado en rescatar y realzar el valor y los aportes de Antonio Edmundo Monsanto, y rehuía a hablar sobre el diseño industrial venezolano, insistiendo en que no podía existir tal en un país sin industria.

El IDD cerró la mención diseño industrial en 1973 y en 1976 Madriz, junto a ocho profesores más, renunciaron irrevocablemente a la institución.