FARIDE MEREB: "TENGO LA RESPONSABILIDAD DE MOSTRAR LO QUE SE HACE EN EL DISEÑO EDITORIAL VENEZOLANO"


Perseverante y decidida es como se puede definir a Faride Mereb, diseñadora de libros, tipógrafa, amante de la literatura. Ha logrado lo que muchos considerarían una locura: en tiempos críticos fundó la editorial Letra Muerta, para la que diseña y produce junto a su equipo publicaciones impresas de poesía venezolana. Su constancia ha rendido frutos en reconocimientos locales, premios internacionales y la satisfacción personal de hacer lo que le apasiona.

Desde que se produjo la masificación del computador personal en el siglo pasado, se ha estado decretando la muerte del libro. Cuando Steve Jobs anunció al mundo el nacimiento de las tabletas, parecía que la estocada a las publicaciones impresas se había consumado, pero resulta que la galaxia de Gutemberg se ha resistido al asedio de los dispositivos digitales.

Faride Mereb ha sido una de las grandes defensoras del libro impreso y se ha convertido a fuerza de investigar y estudiar en una de sus artífices más jóvenes, lo cual es inusual si tomamos en cuenta que forma parte de una generación proclive a las páginas web y las apps.

Con la editorial Letra Muerta abierta en el 2014, Mereb ha conformado un equipo de trabajo que hasta los momentos ha sacado adelante un catálogo de 6 obras que han rescatado la obra poética de autores venezolanos y el arte de hacer libros con papel y tinta. Ha reforzado esta labor con presentaciones de sus libros en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y en República Dominicana, así como ponencias en la Universidad de Columbia (USA) y en la Universidad de Palermo (Argentina).

Los textos seleccionados, o no habían sido editados, como el caso de los dos títulos de la poeta Miyó Vestrini: Es una buena máquina y Al filo -el segundo mereció el primer lugar en Latin American Design Awards 2016-, y el poemario de Luis Moreno Villamediana Otono [sic], que ha sido seleccionado en la Bienal Iberoamericana de Diseño (BID 18), o son reediciones como los Poemas de Ida Gramcko y los Espacios para decir lo mismo de Hanni Ossot, actualmente finalista del Latin American Design Awards.

Actualmente Mereb vive en Nueva York, donde estudia tipografía y representa al departamento editorial de CAAW editions.



Con este libro de la colección Contemporáneos, Faride Mereb nos representa en la BID por segunda vez.

Ingreso a la imprenta

La afición de Faride Mereb le viene desde muy joven como coleccionista de libros. Al ordenar y agrupar los ejemplares de su biblioteca, se dio cuenta de que muchos estaban diseñados por Alvaro Sotillo o tenían portadas de Victor Viano y que los que más le gustaban habían sido impresos por Editorial Arte o por Ex Libris. A partir de esa revelación, a los 17 años decidió estudiar diseño gráfico en el Instituto de Diseño Valencia con una meta trazada: convertirse en diseñadora editorial.

Admite que su ingreso al mundo de los tipos entintados fue un poco torpe al inicio, pero al final su tenacidad ha demostrado que querer es poder. En una edición de la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo que homenajeaba al impresor Javier Aizpúrua, (de Editorial Ex Libris) Faride no pudo asistir: “Recuerdo que no había transporte y estaba lloviendo, fue muy frustrante y lloré por no poder ir a conocerlo. Más adelante, en el centenario de Leufert se hizo una conferencia en la Librería Lugar Común y me fui en autobús a Caracas para escuchar a Alvaro Sotillo y porque sabía que Javier iba a estar, y esa fue la primera vez que lo vi en persona, pero no le hablé. Logré contactarlo en un Festilectura que se hacía en Altamira gracias al libro de Miyó Vestrini que quería hacer con el plegado francés, el “french folding” y el encolado en prensa. Ya tenía el papel comprado y no conseguía a nadie que hiciera eso en Valencia. Entonces conversando con Alvaro Sotillo y Gabriela Fontanillas, me recomendaron hablar con Javier para que me diera una clase sobre cómo se encuaderna para luego explicarlo en Valencia. Entonces vi a lo lejos a Javier y le pegué un grito... El me pidió que llamara a la imprenta el lunes para ver si me acercaba a eso de las 10 de la mañana. Eso fue un jueves y decidí no irme de Caracas, sino quedarme, viernes, sábado y domingo. y el lunes me levanté super temprano me bañé, me vestí y comencé a llamar. Fueron como 6 llamadas que me contestaron que no estaba, hasta que finalmente me atendió. Fui y cuando estaba finalizando la explicación, comencé a llorar porque me di cuenta de que era algo que no iban a poder hacer en otra imprentas. Entonces él me calmó y como llevaba un machote conmigo lo saqué y él al verlo dijo ¡Oh, Miyó Vestrini, yo la conocí!, entonces comenzamos a hablar sobre ella y él me contó que imprimió algunos libros de Tiempo Nuevo y al final de la reunión la conclusión fue que íbamos a hacer ese libro juntos y creo que ese ha sido uno de los días más felices de mi vida. Para mí Javier no sólo representa una figura paternal, también es mi maestro y mi mejor amigo, es un ser humano increíble al que no sólo puedo preguntarle sobre libros, sino de la vida. Es mi modelo, he aprendido mucho de él, como el que antes de ser una buena profesional hay que ser una buena persona y no pararle tanto a los demás. No dejar que las críticas destructivas afecten, solo hay que seguir trabajando”.

Desde aquel momento luminoso hasta el presente, el camino ha sido vertiginoso, incluyendo la investigación, la producción de títulos, promoción en redes sociales y giras de medios en Venezuela. La formación académica inicial de Faride Mereb fue como diseñadora gráfica, luego cursó 8 semestre de Artes y cuando se mudó a Caracas hizo el Diplomado de Diseño e Innovación Social Prodiseño-UCAB en paralelo a un diplomado en poesía, que le sirvió para adentrarse más en los procesos de escritura de los autores, “no porque escriba”, explica, sino porque “quería entender aún más los textos y los manuscritos cuando los recibía para diseñar”.

Hoy día, asentada en Nueva York, se especializa cada vez más en el área editorial.



El primer libro, el más querido, el más odiado: "Es una buena máquina", poemas de Miyó Vestrini

El más querido fue el más difícil

Para Mereb Letra Muerta no representa ningún tipo de ganancia económica. Ella cuenta que la editorial produce lo suficiente para cubrir los costos de producción de los libros y los eventos. Cada ejemplar financia el siguiente. De hecho, la finalidad de publicar el primer libro, Es una buena máquina de Miyó Vestrini, bajo el nombre de un sello fue para darle más formalidad al trabajo, pero no había intenciones de publicar otros libros. “Seis meses después, al ver el libro agotado, me pareció tan importante haber publicado la investigación de años y haberla podido imprimir en Ex Libris, que no quise gastar el dinero de las ventas, sino que decidí volver a comprar papel, y así salió a la luz el segundo, el tercer libro, y así sucesivamente”.

Hasta los momentos la diseñadora admite que el de Vestrini ha sido su libro más querido, pero también ha sido el más difícil, tanto, que hasta llegó a odiarlo en algún momento. “Recuerdo que la primera vez que hice ese libro, porque lo hice varias veces (aclara entre risas), me volví un ocho, pedí ayuda, había muchas cosas que no entendía en el montaje del libro, principalmente porque no tenía computadora, sino una laptop pequeñita y mi hermano le instaló una tarjeta de memoria que me permitió montar el libro en Illustrator. Eso es una hazaña, montar un libro en un programa que no sea InDesign y con los pocos recursos que tenía y viajando ida y vuelta hasta dos veces por semana a Caracas, saqué el libro. Puse lo que tenía y lo que no, y ya al final, cuando lo iba a presentar, no tenía ni dinero para trasladarme a Caracas, porque lo había gastado todo. Desde el papel, hasta el vino lo di y creo que no me equivoqué, pienso que valió la pena”.


Vistos a la distancia -que no es mucha en el tiempo-, cada recuerdo de Faride Mereb se yergue triunfal, porque logró abrirse paso con humildad en un área a la que deseaba con todas sus fuerzas pertenecer y que con “real y medio” ha logrado producir publicaciones de alta calidad gráfica y factura que enriquecen el acervo cultural venezolano. Un ejemplo a seguir para quienes se dejan abatir por las complicaciones de su entorno.

Espacios para decir lo mismo de Hanni Ossot  es finalista en la mención Editorial de los LAD Awards.

La tipografía, siempre la tipografía

Al preguntársele sobre cuál es el elemento clave del diseño editorial, Faride Mereb responde sin titubear: “La tipografía, siempre la tipografía”.

“Si algo he aprendido acá (en Nueva York), es la diferencia entre un tipógrafo y un diseñador de tipografía y descubrí que soy tipógrafa, no lo sabía, y hasta me suena raro. Los tipógrafos somos los que trabajamos ajustando tipos, en inglés la traducción es “setting types”. Todo lo que es ajuste y jerarquía tipográfica, que es el trabajo primario de un diseñador editorial, es lo que hace un tipógrafo. Y el diseñador de tipos es el que diseña los alfabetos. Entonces acá he estado estudiando mucho, haciendo todos los workshops que puedo y asistiendo a meet ups, charlas y ponencias habidas y por haber en tipografía, porque cada vez quiero saber más en mi área y hacerlo mejor. Otro de mis planes es seguir estudiando francés para poder leer los libros de filosofía en idioma original. También me gustaría seguir estudiando tipografía acá, de hecho el año pasado empecé a hacer mi primera familia con serifas y espero continuarla y para este año voy a publicar dos libros más, otro para la colección “Contemporáneos” de Letra Muerta. También sale publicado un libro en el que diseñé e investigué para Kenning Editions, que es una editorial de Chicago. Es posible que a finales de año tenga una exposición individual, y por otro lado estoy haciendo bastante investigación y recogiendo fuentes testimoniales para un trabajo que estoy haciendo sobre Victor Viano y acá trabajo en una empresa diseñando libros para niños, tanto comerciales como escolares y si bien tenía experiencia, porque trabajé en Venezuela durante 7 años en las publicaciones de un colegio, aquí he aprendido muchísimo de la industria editorial, sobre cómo se manejan los procesos a gran escala, los medios de distribución, los tiempos, las licencias tipográficas cuando las empresas son grandes, mucha gerencia, cómo delegar trabajo y obviamente practicando muchísimo el inglés. Creo que esta ha sido una época de transición y estoy agradecida por los pequeños logros que he ido alcanzando”.

En los 10 meses que Mereb tiene en Estados Unidos ha caído en cuenta de que tiene una responsabilidad no sólo con el trabajo que pueda hacer, sino en demostrar todo lo que se hizo y se hace en Venezuela en el diseño editorial. “Creo que somos el único país latinoamericano que tiene tres Letras de Oro en Leipzig y Alvaro Sotillo tiene un premio Gutenberg y eso para mí es un orgullo. Cada vez que leo sobre el premio Gutemberg, concursos de tipografía o libros, casi todos los nombres son de personas de Leipzig o de diferentes partes de Europa y es muy raro ver un nombre que se te haga familiar y cada vez que leo el nombre de alguien de Venezuela me contenta muchísimo. No me considero patriótica, ni nacionalista, pero mi sentido de pertenencia con Venezuela es algo innegable, siento que le debo muchísimo al país y siento que tengo una responsabilidad y quiero seguir trabajando en pro de lo que pueda hacer en torno a eso”.

Justo ese sentido de responsabilidad es el que ha llevado a Faride Mereb a ser una vocera o por qué no decirlo, embajadora del diseño de libros venezolano. Una responsabilidad que ella ha asumido por convicción.



La calidad en materia de diseño, materiales, producción y el cuidado de los detalles son los sellos de Letra Muerta.

Recomendamos ampliamente revisar la web de Letra Muerta, donde permanentemente suben transcripciones de textos originalmente impresos, reseñas e investigaciones sobre literatura y diseño venezolano: http://letramuertaed.com/

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