CLEMENTINA CORTÉS: LA CONCIENCIA CORPORAL LLEVADA A LA ILUSTRACIÓN Y EL DISEÑO

Por Andreína Padrón

De cabello oscuro y ropa relajada. Cuando no está trabajando desde su hogar, la puedes encontrar caminando, comprando en la frutería o simplemente conversando con los vecinos. Sencilla, pero con una personalidad alegre y serena, Clementina Cortés es muchas cosas: vecina, madre y una de las diseñadoras prolíficas en el mundo editorial de Venezuela.

Egresada del Instituto de Diseño Neumann (IDD) en 1978, desde joven sintió inclinación por las artes gráficas. Con habilidades para el dibujo, se aproximó a la serigrafía siendo muy chica, pero no fue sino hasta el año 1972 cuando, siendo estudiante de secundaria aún, se enamoró del diseño al ver a la hermana de uno de sus amigos hacer las entregas para el IDD, y supo que eso era lo que quería, que podía valerse de sus habilidades en la gráfica para abrirse un camino en el mundo profesional.

Si bien no comenzaría a trabajar en el área hasta más adelante, Clementina afirma que gran parte de su estilo y manera de trabajar fue moldeada por la formación en el Instituto, particularmente la tendencia artística del mismo: dibujo, cerámica, taller de carpintería, en las clases con Hanni Ossott, Carlos Sosa, Abilio Padrón y Alirio Palacios, quienes abrieron su visión y estimularon su sensibilidad.

Sin embargo, además del diseño, también se enamoró de la danza contemporánea, a la cual se dedicó de lleno por varios años, lo que tuvo igualmente un gran impacto sobre ella. Se formó en el Taller de Danza de Caracas con el Negro Ledezma y posteriormente bailó con Abelardo Gameche, uno de los bailarines de “El Negro”, que creó su propia compañía: “Te estimula de otra manera, viajé, conocí e hice cosas que nunca me imaginé que iba a hacer”. Esta experiencia le permitió darle un enfoque distinto al diseño, a partir de ello pudo conjugar ambas pasiones, no solo bailaba, sino que hacía los programas de mano, vestuario, escenografías. “Hay que tener una cultura del cuerpo, yo pienso que eso es algo que es elemental para la vida”. La danza para Clementina no es solamente algo físico, sino espiritual, que la conecta con el mundo y le permitió desarrollar una disciplina y humanidad que plasma en cada proyecto gráfico que ejecuta.


La gráfica de la lectura

Fue en el año 2000 cuando comenzó a dedicarse por completo al diseño y desde entonces no se ha detenido un momento. Sin buscarlo, y gracias a su afinidad por las humanidades, se fue especializando en el área institucional. Ha trabajado con el CONAC (Consejo Nacional de la Cultura), el CENAL (Centro Nacional del Libro), la Casa de Las Letras Andrés Bello, Casa Rómulo Gallegos e incluso Monte Ávila Editores. Desde la gráfica de la Feria Internacional del Libro de Venezuela hasta la Revista Academos de la Universidad Central de Venezuela, pasando por el diseño gráfico de la colección de literatura indígena bilingüe para niños Warairarepano de Monte Ávila Editores.

Pero, aunque su trabajo principal ha sido el diseño gráfico de incontables publicaciones, libros, colecciones, así como la imagen e identidad de grandes eventos culturales, su talento también se extiende al área de la ilustración, a la cual ha incursionado desde los empaques. Su técnica preferida, la acuarela, le ha permitido materializar gráficamente la imagen del té McCormick, la leche condensada y evaporada de los productos Mónaco, y varios de los libros que no sólo diseñó, sino que ilustró como el Recetario de Dulcería Criolla del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, y tres de los libros de la colección de poesía del Centro Nacional del Libro. Todo realizado como profesional independiente, siempre desde su casa.


Las ilustraciones para empaques como éste, han sido hechos en acuarela.

Su estilo podría describirse como minimalista: “Mi trabajo es muy sencillo, tampoco es que hago cosas complicadas, recargadas, ni súper elaboradas”. La limpieza de su huella puede observarse en sus colaboraciones editoriales con los ilustradores, a los cuales les permite expresarse con libertad y armonía a través de una discreta maquetación.

Ha ganado varios premios, entre los cuales destaca Al Son del Ron, libro ganador del “Tenedor de Oro”, premio de la Academia Venezolana de Gastronomía a la Mejor publicación gastronómica 2001, y Mejor Colección, año 2004 por el Instituto Autónomo Centro Nacional del Libro con Cuatro Libros de Alejo Carpentier editados por la Fundación Celarg.

Admite un gusto, admiración y respeto por el diseño tipográfico y la animación, aunque aclara que no es algo a lo que se dedicaría. Y aunque sus estudios formales hayan culminado, investiga constantemente y no pierde la oportunidad de hacer tutoriales o inscribirse en cursos en línea para continuar desarrollando sus habilidades gráficas. Trabaja casi todo el día, a veces los fines de semana y de noche cuando es necesario, aunque siempre encuentra un momento para caminar y estar con su gente. No le gusta definirse a sí misma, pero si debe hacerlo, se considera “caraqueña de nacimiento y corazón, relajada, sin mayores complicaciones”.

Este libro diseñado por Cortés fue galardonado con el "Tenedor de Oro"

Visión y presente

Desde libros de arquitectura hasta guías sobre farmacia y fórmulas magistrales, Clementina Cortés no se limita en cuanto a temáticas ni se amilana ante el reto de un nuevo libro. A pesar de la tendencia digital, cree en el papel: “Yo soy de las que piensa también como muchas otras personas, que el libro en papel nunca va a morir, es una opción hermosa que puedes tener en tus manos, que puedes tocar el papel, que puedes apreciar cantidad de cosas, y echar el cuento, y llevártelo pa’ todos lados y regalarlo, sabes, entonces me parece mucho más accesible que el libro digital”.

Actualmente trabaja en proyectos con autores independientes. Entre estos resalta su colaboración con la ilustradora Vanessa Balleza, venezolana radicada en Estados Unidos. Ambas han creado vínculos con autoras como Luz María Mack y Constanza Pollier que en equipo desarrollan historias que a través del diseño y la ilustración han llevado talento gráfico venezolano de Clementina y Vanessa hasta Nueva York, incluso.

Su consejo para los nuevos diseñadores es encender el espíritu emprendedor. Y, aunque está agradecida de su formación, se lamenta de que las nuevas generaciones no tengan espacios adecuados para formarse tanto en el diseño como en la danza. Cree que, si bien hay un legado gracias a talentosos venezolanos, no hay sedes, ni la infraestructura que permita aprovechar o maximizar el potencial creativo de los jóvenes, como en otros países.

El trabajo de Clementina Cortés ha sido sencillo pero constante. Es probable que muchos tengamos un libro diseñado por ella en nuestras bibliotecas sin saberlo. Pero desde el frutero hasta el señor que vende las empanadas en su zona saben quién es y la quieren. Una diseñadora con una personalidad carismática pero humilde en su ocupación, que ama y se entrega en todo lo que hace.


Libros diagramados por Cortés, ilustrados por Vanessa Balleza

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